Hace unas décadas eran un lujo que sólo unos pocos podían pagar, y cuyo uso era usualmente limitado a las ciudades más pobladas del planeta, pero hoy en día los tenemos con nosotros a todo momento y usamos sus servicios a diario. Nos referimos, por supuesto, a los sistemas de posicionamiento global, o GPS, por sus siglas en inglés.

Y es que anteriormente se consideraba que dichos sistemas sólo eran útiles para viajeros, científicos, o personas con demasiado dinero. Pero, gracias al gran avance que la tecnología celular ha dado en las últimas dos décadas, hoy en día resulta extraño no cargar uno encima, y la tecnología ha pasado de ser utilizada únicamente para guiar a la gente por las ciudades a ser uno de los más importantes complementos de los teléfonos celulares.

El funcionamiento de estos aparatos es, de hecho, simple: El sistema de GPS consiste en alrededor de 30 satélites orbitando la tierra, a 20.000 kilómetros de altura. Estos están posicionados de tal manera que, en cualquier parte del mundo que estés, siempre estas dentro del alcance de tres de estos satélites. Cuando tu celular u otro aparato intenta hallar tu localización, se conecta a los tres satélites cercanos y les da la distancia a la que está de cada uno de ellos.

Conociendo esta distancia, los tres satélites utilizan un proceso llamado trilateración (parecido al de triangulación) para definir tu posición. Este proceso consiste en dibujar alrededor de cada GPS una esfera cuyo radio es igual a la distancia a la que estás del mismo. Hecho esto, el sistema busca el punto en el que las tres esferas se unen, y así da con tu posición exacta en el planeta.

Existen otros detalles en el proceso, como el manejo del tiempo, pero a niveles generales este es el método mediante el cual funcionan estos sistemas.